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Lectura recomendada Febrero

Lunes, 12 Febrero, 2018

La lectura de febrero

En febrero, mes embustero.

florece el romero,

y  la lectura llena el granero

 

La dama que había junto a la galería le dejó atónito. Era Murasaki. Su noble belleza  le hizo pensar en un cerezo silvestre lleno de flores visto a través de las brumas de la primavera. Entonces algo etéreo se desprendió de ella y envolvió al muchacho de un modo imperceptible. La dama se reía mientras sus azafatas luchaban con las persianas que el viento agitaba y ponía en peligro, aunque Yugiri estaba demasiado lejos para oír lo que les estaba diciendo. Murasaki, de pie, contemplaba la escena y, en especial, el daño que los vientos habían infligido a cada una de sus queridas flores. Aunque todas las criadas y azafatas eran bonitas, ni las miró. De pronto entendió la razón por la que Genji le había mantenido siempre alejado de ella y sintió rencor. Aquella belleza era irresistible y la única manera de ponerse a salvo de ella era evitándola a toda costa.

                                                      La novela de Genji, Murasaki Shikibu, siglo XII.

 

                             (Salen los reyes y su corte)

HAMLET.- ¡Oh! ¡Si esta masa de carne demasiado sólida pudiera ablandarse y liquidarse, disuelta en lluvia de lágrimas! ¡O Dios! ¡Cuán fatigado ya de todo, juzgo molestos, insípidos y vanos los placeres del mundo! Nada, nada quiero de él.  Es un campo inculto y rudo, que sólo abunda en frutos groseros y amargos. ¡Que haya llegado a suceder todo lo que veo a los dos meses que él ha muerto!...  Ni siquiera han pasado dos meses desde la muerte de aquel rey que fue, comparado con este, como Hiperión con un sátiro, y tan amante de mi madre, que ni a los aires celestes permitía llegar atrevidos a su rostro… ¡Oh cielo y tierra! ¿Para qué conservo la memoria? Ella, que se le mostraba tan amorosa como si con la posesión hubieran crecido sus deseos. Y no obstante, en un mes... ¡ah, no quisiera pensar en esto. ¡Fragilidad, tienes nombre de mujer! En el corto espacio de un mes y aún antes de romper los zapatos con que, semejante a Niobe, bañada en lágrimas, acompañó el cuerpo de mi triste padre...  ella, sí, ella misma se unió a otro hombre... ¡Cielos! Una fiera, incapaz de razón y discurso, hubiera mostrado aflicción más durable. Esa mujer se ha casado con mi tío, hermano de mi padre; pero no más parecido a él que yo lo soy a Hércules. En un mes... enrojecidos aún los ojos con el pérfido llanto, se casó. ¡Ah, delincuente precipitación, ir a ocupar con tal diligencia un lecho incestuoso! Esto es bueno ni puede terminar bien. Pero, hazte pedazos corazón mío, pues mi lengua debe reprimirse.

                                   HAMLET, acto I. Traducción de R. Martínez Lafuente

                                 

El alba me sorprende
buscando entre los lirios
la huella de tu paso.

¡Imajen del naciente,
que yerras en los hilos
del renacer temprano!

¿En dónde el blanco tenue
que luzca en el sol fino,
por el frescor morado?

                                                                           CANCIÓN, 1936, JRJ

 

Si los peregrinos jacobeos medievales hubieran sabido que la Vía Láctea o Camino de Santiago lejos de señalar una ruta mágica hacia el fin de la tierra, realmente tenía la forma helicoidal, como de un platillo volante giratorio, nunca habrían acometido ese viaje iniciático ante el temor al vértigo y a la desorientación. Si aún hoy los peregrinos europeos que atraviesan Roncesvalles o los ibéricos que transitan por la Ruta de la Plata o el Camino Portugués supieran que la Vía Láctea pudiera ya no existir en la realidad, tal vez no se moverían de casa. De hecho, pese a que la seguimos contemplando con emoción en las noches claras puede que la Vía Láctea se haya extinguido hace muchos años, el tiempo en que su luz ha tardado en llegar a la Tierra aun cuando su combustible se haya agotado y esa parte del universo esté ya a oscuras. Esa es la posible ficción cósmica en que vivimos. Si la Vía Láctea puede que ya no exista y todas las luces que observamos en el cielo de noche son ilusorias, ¿qué pasa con esa estrella de la bandera cuatribarrada que marca la ruta delirante de los peregrinos catalanes hacia la independencia? Hay que preguntarse a qué clase de agujero negro nos aboca esa luz confusa y vertiginosa. Si mañana se declarara la república independiente de Cataluña muchos catalanes, creyéndose libres y soberanos, se levantarían de la cama confiados en que la independencia iba a mejorar sus vidas, pero la mente deslumbrada y el corazón inflamado de amor a su patria les impediría saber que detrás de ese sueño solo existe la oscuridad, y al final, llenos de frustración y melancolía en medio de una violenta fractura social entre hermanos, deberían enfrentarse a la rutina gris de todos los días, mientras el Sol, la única verdad que da la vida, saldría en punto como siempre por el Ampurdán y se pondría por Finisterre. Manuel Vicent, EL PAÍS, 8-10-2017